1970 · Moto Vespa · Vespino Brisa
Crónica de cómo rescaté del olvido la Vespino de Manuel de Bravo —la primera moto que monté en mi vida— y la devolví a rodar.
Para mi abuelo, Manuel de Bravo
Esta moto estaba condenada al desguace. Era la Vespino Brisa de mi abuelo, Manuel de Bravo, y también la primera moto que monté en casa de mis padres, siendo un crío. Cuando la encontré arrinconada, supe que no podía dejar que se perdiera.
La rescaté de un trastero, entre telarañas y trastos olvidados, con la pintura apagada y el motor mudo. Me prometí devolverle la vida pieza a pieza. Tardé un año entero —de junio de 2025 a junio de 2026— entre reparaciones, búsquedas imposibles de repuestos y un buen montón de papeleo. Esta es la historia de ese año.
El Vespino lo diseñó el ingeniero Vicente Carranza y lo fabricó Moto Vespa en Madrid desde 1968; junto al Seat 600 se convirtió en un icono de movilidad y libertad de aquellos años. La versión Brisa llegó justo en 1970, así que la moto de mi abuelo es de la primerísima hornada del modelo.
Llevaba años arrinconada, cubierta de polvo y telarañas, entre bicicletas viejas y trastos. Apenas se adivinaba bajo la mugre el turquesa con el que un día salió de fábrica. Iba a acabar en la basura. Aquel día de junio decidí que no.





Lo primero fue desmontarla entera, tornillo a tornillo. Cada pieza contaba una parte de la historia: el magneto, los platinos, el faro, los embellecedores… Quería entender la moto antes de devolverle la vida. Unas piezas se podían recuperar; otras tendría que buscarlas Dios sabe dónde.
















































Vino la parte más larga y menos lucida: limpiar, lijar, pintar, cromar y, sobre todo, buscar. Encontrar repuestos para una moto de 1970 no es nada fácil; algunos aparecieron tras semanas de rastreo. Sumé reparaciones, dolores de cabeza y papeleo de sobra. Pero cada pieza que volvía a su sitio relucía como nueva.

















El antes y el después
La misma moto. Un año de por medio.
Con todo a punto, llegó el momento de armarla de nuevo. Ver cómo la Vespino recuperaba su forma, su color y, por fin, su sonido, fue lo más parecido a un reencuentro. Otra vez entera. Otra vez ella.





















Y arrancó
V · El resultado · junio de 2026
Matriculada, legal y reluciente en su turquesa de siempre. No es solo una moto restaurada: es un trozo de mi familia que se quedó conmigo, y la moto en la que aprendí lo que era la libertad de un crío.
Mereció la pena cada minuto.Por ti, abuelo — Manuel Bravo, 2026